Se han escrito muchas vidas sobre Jesús y quisiera que ésta tuviese su sentido peculiar. Por mis años dedicados a la enseñanza dando, además de Filosofía, clases de Religión y por el conocimiento de muchas personas, he llegado a la conclusión que no se conoce bien la síntesis de los cuatro evangelios. Se conoce bastante bien el Nacimiento, la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo y algunos hechos, parábolas, etc., pero de un modo deslavazado.
Los Evangelios están escritos con un interés formativo (enseñar el mensaje salvador de Cristo a unas comunidades concretas de cristianos) y no como una historia de Jesucristo.
Hay tres evangelios (los “sinópticos”) que siguen una estructura parecida. Por lo tanto, se repiten muchos temas con las mismas palabras o parecidas. Pero estos, junto al de Juan, no intentan tanto una historia ordenada como explicar la “Buena Nueva” a diferentes interlocutores.
¿Cuál es mi intención?
Conseguir una secuencia de los hechos de la vida de Jesucristo siguiendo el libro de Andrés Codesal Martín (“Evangelios concordados Ilustrados”, A. Codesal. Apostolado mariano, 4ª ed.).
¿Pero con qué matices?
Pretendo que la narración sea fluida. Por lo tanto, transcribo el texto tal cual, sin referencia al evangelista, ni a los capítulos ni a los versículos.
Los textos de los Evangelios los he tomado, en principio, de la edición digital de los “SANTOS EVANGELIOS”, UNIVERSIDAD DE NAVARRA”, EUNSA.
Previamente, he enmarcado los evangelios (canónicos y apócrifos), los evangelistas y su entorno. Para ello he seguido algunos textos escritos por un equipo de profesores de Historia y Teología de la Universidad de Navarra (50 preguntas sobre Jesús (4ª ed.), Juan Chapa (Ed.)).
En el relato, apenas me he extendido en comentarios para clarificar ciertos temas: sólo los que me parecen de capital importancia.
Espero que el lector, al terminar de leer esta Historia de Jesucristo, consiga acercarse más a Él y desde su conocimiento traducirlo en hechos concretos para su vida.
¿Qué sabemos realmente de Jesús?
De Jesús de Nazaret tenemos más y mejor información que de la mayoría de los personajes de su tiempo. Disponemos de todo lo que los testigos de su vida y de su muerte nos han transmitido: tradiciones orales y escritas sobre su persona, entre las que destacan los cuatro evangelios, que han sido transmitidas en la realidad de la comunidad de fe viva que él estableció y que continúa hasta hoy. Esta comunidad es la Iglesia, compuesta por millones de seguidores de Jesús a lo largo de la historia, que le han conocido por los datos que ininterrumpidamente les trasmitieron los primeros discípulos. Los datos que hay en los evangelios apócrifos y otras referencias extrabíblicas no aportan nada sustancial a la información que nos ofrecen los evangelios canónicos, tal como han sido trasmitidos por la Iglesia.
Hasta la Ilustración, creyentes y no creyentes estaban persuadidos de que lo que podíamos conocer sobre Jesús se contenía en los evangelios. Sin embargo, por ser relatos escritos desde la fe, algunos historiadores del siglo XIX cuestionaron la objetividad de sus contenidos. Para estos estudiosos, los relatos evangélicos eran poco creíbles porque no contenían lo que Jesús hizo y dijo, sino lo que creían los seguidores de Jesús unos años después de su muerte. Como consecuencia, durante las décadas siguientes y hasta mediados del siglo XX se cuestionó la veracidad de los evangelios y se llegó a afirmar que de Jesús “no podemos saber casi nada” (Bultmann).
Hoy en día, con el desarrollo de la ciencia histórica, los avances arqueológicos, y nuestro mayor y mejor conocimiento de las fuentes antiguas, se puede afirmar con palabras de un conocido especialista del mundo judío del siglo I d.C. —a quien no se puede tachar precisamente de conservador— que “podemos saber mucho de Jesús” (Sanders). Por ejemplo, este mismo autor señala “ocho hechos incuestionables”, desde el punto de vista histórico, sobre la vida de Jesús y los orígenes cristianos: 1) Jesús fue bautizado por Juan Bautista; 2) era un Galileo que predicó y realizó curaciones; 3) llamó a discípulos y habló de que eran doce; 4) limitó su actividad a Israel; 5) mantuvo una controversia sobre el papel del templo; 6) fue crucificado fuera de Jerusalén por las autoridades romanas; 7) tras la muerte de Jesús, sus seguidores continuaron formando un movimiento identificable; 8) al menos algunos judíos persiguieron a ciertos grupos del nuevo movimiento (Ga 1,13.22; Flp 3,6) y, al parecer, esta persecución duró como mínimo hasta un tiempo cercano al final del ministerio de Pablo (2 Co 11,24; Ga 5,11; 6,12; cf. Mt 23,34; 10,17).
Sobre esta base mínima en la que los historiadores están de acuerdo se pueden determinar como fidedignos desde el punto de vista histórico los otros datos contenidos en los evangelios. La aplicación de los criterios de historicidad sobre estos datos permite establecer el grado de coherencia y probabilidad de las afirmaciones evangélicas, y que lo que se contiene en esos relatos es sustancialmente cierto.
Por último, conviene recordar que lo que sabemos de Jesús es fiable y creíble porque los testigos son dignos de credibilidad y porque la tradición es crítica consigo misma. Además, lo que la tradición nos trasmite resiste el análisis de la crítica histórica. Es cierto que de las muchas cosas que se nos han trasmitido sólo algunas pueden ser demostrables por los métodos empleados por los historiadores. Sin embargo, esto no significa que las no demostrables por estos métodos no sucedieran, sino que sólo podemos aportar datos sobre su mayor o menor probabilidad. Y no olvidemos, por otra parte, que la probabilidad no es determinante. Hay sucesos muy poco probables que han sucedido históricamente. Lo que sin duda es verdad es que los datos evangélicos son razonables y coherentes con los datos demostrables. En cualquier caso, es la tradición de la Iglesia, en la que estos escritos nacieron, la que nos da garantías de su fiabilidad y la que nos dice cómo interpretarlos.
BIBLIOGRAFÍA: A. VARGAS MACHUCA, El Jesús histórico. Un recorrido por la investigación moderna, Universidad Pontifica de Comillas, Madrid 2004; J. GNILKA, Jesús von Nazareth. Botschaft und Geschichte, Herder, Freiburg 1990 (ed. esp. Jesús de Nazaret, Herder, Barcelona 1993); R. LATOURELLE, A Jesús el Cristo por los Evangelios. Historia y hermenéutica, Sígueme, Salamanca 21986; F. LAMBIASI, L’autenticità storica dei vangeli. Studio di criteriologia: EDB, Bologna 21986.
Josep Gay i Bochaca